Category Archives: La Virgen María

La Virgen María

La Virgen María
Padre Mariano de Blas, L.C.

María fue una mujer inmensamente feliz… Su presupuesto era de dos reales. No tenía dinero, coche, lavadora, televisor ni computadora, ni títulos académicos. No era directora del jardín de niños de Nazareth. Tampoco presumía de nombramientos, como Miss Nazareth. María a secas. No salió en la televisión ni en los periódicos.

Pero poseía una sólida base de fe, esperanza y caridad y de todas las virtudes. Tenía gracia y santidad…Tenía a Dios, y, a quien tiene a Dios, nada la falta.

Tú puedes ser, deberías ser, una mujer inmensamente feliz, aunque no tengas muchas cosas materiales. Aunque no seas famosa, rica, artista o cosas del género. Pero, si tienes a Dios, las virtudes teologales, la santidad a la mano.

No debes pretender, aspirar, ansiar demasiadas cosas materiales… La grandeza de un alma está en su interior, va por dentro. Lo de fuera es ruido, música, bombo y platillo, viento, humo, oropel, incienso, hojarasca, apariencia, nada. Por dentro va la santidad, la fe, el amor.

La Virgen no se quejaba: de ir a Egipto, de que Dios le pidiera tanto. La sonrisa de la Virgen era lo mejor de su rostro. ¿Cómo reaccionaría ante las adversidades, dificultades, cólera de los vecinos?

No te quejes: del tiempo, de la comida, del trabajo, de tus compañeras, de tus limitaciones, de tu falta de lujo. Trata de sonreír como Ella.

María veía la Providencia en todo: en los lirios del campo, en los amaneceres… en la tormenta. Cuando no había dinero. Cuando tenía que ausentarse. Cuando alguna vecina se ponía necia y molestaba.

Lo más admirable de María era el amor. Lo más grande de la mujer debe ser el amor. El amor es un talismán, una varita mágica que transforma todo en maravilla. Dios te ha dado este don en abundancia. Si lo emplearas bien, haría de ti una gran mujer, una ferviente cristiana, una esposa y madre admirable. Pero, si dejas que el amor se corrompa en ti, ¡pobre mujer!

María Magdalena tenía una gran capacidad de amar. La empleó mal, y se convirtió en una mujer de mala vida. Pero, después de encontrarse con Jesucristo, utilizó aquella capacidad para amar apasionadamente a Dios y a los demás, y hoy es una gran santa y una gran mujer.


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La Virgen María

La Virgen María
Padre Mariano de Blas, L.C.

María fue una mujer inmensamente feliz… Su presupuesto era de dos reales. No tenía dinero, coche, lavadora, televisor ni computadora, ni títulos académicos. No era directora del jardín de niños de Nazareth. Tampoco presumía de nombramientos, como Miss Nazareth. María a secas. No salió en la televisión ni en los periódicos.

Pero poseía una sólida base de fe, esperanza y caridad y de todas las virtudes. Tenía gracia y santidad…Tenía a Dios, y, a quien tiene a Dios, nada la falta.

Tú puedes ser, deberías ser, una mujer inmensamente feliz, aunque no tengas muchas cosas materiales. Aunque no seas famosa, rica, artista o cosas del género. Pero, si tienes a Dios, las virtudes teologales, la santidad a la mano.

No debes pretender, aspirar, ansiar demasiadas cosas materiales… La grandeza de un alma está en su interior, va por dentro. Lo de fuera es ruido, música, bombo y platillo, viento, humo, oropel, incienso, hojarasca, apariencia, nada. Por dentro va la santidad, la fe, el amor.

La Virgen no se quejaba: de ir a Egipto, de que Dios le pidiera tanto. La sonrisa de la Virgen era lo mejor de su rostro. ¿Cómo reaccionaría ante las adversidades, dificultades, cólera de los vecinos?

No te quejes: del tiempo, de la comida, del trabajo, de tus compañeras, de tus limitaciones, de tu falta de lujo. Trata de sonreír como Ella.

María veía la Providencia en todo: en los lirios del campo, en los amaneceres… en la tormenta. Cuando no había dinero. Cuando tenía que ausentarse. Cuando alguna vecina se ponía necia y molestaba.

Lo más admirable de María era el amor. Lo más grande de la mujer debe ser el amor. El amor es un talismán, una varita mágica que transforma todo en maravilla. Dios te ha dado este don en abundancia. Si lo emplearas bien, haría de ti una gran mujer, una ferviente cristiana, una esposa y madre admirable. Pero, si dejas que el amor se corrompa en ti, ¡pobre mujer! María Magdalena tenía una gran capacidad de amar. La empleó mal, y se convirtió en una mujer de mala vida. Pero, después de encontrarse con Jesucristo, utilizó aquella capacidad para amar apasionadamente a Dios y a los demás, y hoy es una gran santa y una gran mujer.


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La Virgen María, Madre de Dios

La Virgen María, Madre de Dios

“La Virgen Maria Biblia, Tradición Y La Cuestión Protestante”
La virgen María ¿qué dice la biblia de ella?

URIA DEL ARZOBISPADO DE MEXICO
SECRETARIA DE CAMARA Y GOBIERNO MEXICO D.F.

NIHIL OBSTAT
P. José Luis G. Guerrero
Por disposición del Emmo Sr. Arzobispo Primado de México
se concede el IMPRIMATUR
Mons. Rutilio S. Ramos R. Vicario Gral.
México, D.F.,12 de diciembre de 1997

“La Virgen María Biblia Y Tradición Y La Cuestión Protestante

- Biblia y Tradición- 

En el Antiguo Testamento es como una gran profecía o anuncio de la venida de Jesucristo Nuestro Señor, Redentor de la humanidad; pero muy poco encontramos en él acerca de la Santísima Virgen María.

Sin embargo ya desde el principio, en el Libro del Génesis aparece la figura de aquella mujer de la que habrá de nacer el Salvador. Cuando Dios maldice a la serpiente o Satanás, le dice: “Enemistad pondré entre ti y la mujer y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su talón”. (Gén.3,15) 
Con razón la Iglesia llama a este texto el Protoevangelio o sea, el primer anuncio de la buena nueva. Al anunciar a Jesucristo se menciona a la que lo va a dar a luz. 

Dos Profetas: Isaías y Miqueas, ocho siglos antes de Cristo, hablan también de la Virgen María. Es importantísimo el versículo de Isaías en donde le promete al rey Ajaz la señal esperada: “He aquí que una virgen está encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is.7,14). 

Por su parte Miqueas, contemporáneo de Isaías, menciona también “Al tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz” (MI.5,2)

María en los evangelios. 

El personaje central y absoluto del Nuevo Testamento, es Jesucristo y no debe extrañarnos la parquedad de referencias a la Virgen Santísima. Pero las pocas citas que nos hablan de Ella, han sido suficientes para que la Iglesia, con grande amor, la conozca profundamente y la venere con especial predilección. 

Listamos a continuación, las citas de los Evangelios que de manera especial se refieren a la Virgen María: 
· El ángel anuncia a la Virgen María la maternidad divina. (Lc. 1,26-38) 
· María visita a su prima Isabel. (Lc.1,39-45) 
· María entona el Magnificat. (Lc.1,46-56) 
· El ángel anuncia a José el nacimiento de Jesús. (Mt. 1, 18-25) 
· Genealogía de Jesús, según la línea del Rey David.- (Mt. 1, 1 – 1 7; Le.3,23-38) 
· Jesús nace en Belén (Lc.2,1-7) 
· Adoración de los pastores. (Lc.2,8-20) 
· Circuncisión de Jesús. (Lc. 2,21) 
· Presentación en el Templo. (Lc.2,22-38) 
· Adoración de los magos de Oriente. (Mt.2,1-12) 
· La Sagrada Familia huye a Egipto. (Mt.2,13-15) 
· Jesús con los doctore!. (Lc.2,41-50) 
· Jesús en Nazaret. (Lc.2,39-40; 51-52) 
· En Caná de Galilea, Jesús realiza su primer milagro. (Jn.2,1-12) 
· Quien hace la voluntad de Dios, este es mi hermano. (Mt.12, 46-50; Mc.3,31-35; Lc.8,19-21 y 11,27-28) 
· Jesús nos da a su Madre. (Jn. 1 9,25-27) 

Ninguno de los cuatro Evangelistas, nos relata la historia de María, o nos describe su persona; pero estudiando y analizando las citas en que los cuatro hablan de Ella, podemos llegar a conocer profundamente a la Madre de Jesucristo. 

San Mateo, relata con detalle cómo Cristo vino al mundo, de la concepción virginal por obra del Espíritu Santo. En su relato, muy de acuerdo con las tradiciones semíticas, San José aparece en primer término: recibe los mensajes divinos, toma las decisiones adecuadas, mientras María permanece humilde y silenciosa a su lado. 

San Marcos, siendo el Evangelista más sintético, la menciona una sola vez (3,31-35) para proclamar la superioridad de la maternidad espiritual sobre la maternidad física. 
San Lucas por su parte, habiendo investigado todo lo relacionado a Jesús, es el que sitúa a María a plena luz del Evangelio, al narrarnos con todo detalle en sus capítulos 1 y 2, la infancia de Jesús. Es el que nos permite entrever la profunda personalidad de la Virgen María y ya no en su Evangelio, sino en los Hechos de los Apóstoles, nos la presenta en el nacimiento de la Iglesia cuando con los Apóstoles “perseveraba en la oración antes de Pentecostés” (Hech. 1, 1 4) 

San Juan, por su parte es testigo y relator del primer milagro de Jesús en las bodas de Caná de Galilea y también testigo ocular de cómo la Virgen Madre permanece de pie junto a la cruz en el Calvario. 

Bastaría considerar atentamente tres escenas de los Evangelios: La Anunciación, Las Bodas de Caná y María al pie de la Cruz, para comprender la grandeza de esta mujer para amarla y venerarla como lo hace la Iglesia Católica. 

La Anunciación. 


Infinidad de artistas se han inspirado en el sublime momento en que el Arcángel San Gabriel saluda a María de Nazaret con las palabras: “Salve, llena de Gracia”. Ella turbada por dicho saludo, recibe el anuncio de que ha sido elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo Unigénito. Y a pesar de estar ya comprometida en matrimonio con San José, dando muestra de una fe, humildad, valentía y abandono en las manos de Dios, pronuncia las palabras más importantes en la historia de la humanidad: “Hágase en mí según tu palabra” permitiendo en ese instante el prodigio de la Encarnación. 

Dios se hace hombre en su seno purísimo y comparte desde entonces nuestra humanidad. Porque María supo decir Si a la voluntad de Dios, dio comienzo el embarazo más glorioso de la historia y la Redención de la humanidad se hizo posible. En el saludo del Arcángel a la Virgen María, descubrimos nada menos que su inmaculada Concepción. En efecto al llamarla “LLENA DE GRACIA”, el Ángel declara que la Virgen María ha gozado de la plenitud del Espíritu Santo, lo que excluye automáticamente el pecado original, ya que si en algún momento María hubiera estado en pecado, aunque no hubiera sido más que por un instante, ya no sería la llena de Gracia. Es por este texto principalmente, que la Iglesia declaró el Dogma de la inmaculada concepción, que siempre habíamos creído, en 1854 y que Ella misma ratificó en Lourdes, Francia, en 1858, al definirse ante Santa Bernardita como “Yo soy la inmaculada Concepción”. 

Las Bodas de Caná 

Los Evangelios nos relatan cómo en el pueblecito de Caná de Galilea, la Virgen Santísima asistió invitada a una boda, y también llegaron Jesús y sus discípulos. María es la mujer atenta, servicial, la gran ama de casa que se da cuenta de que el vino de la fiesta se ha terminado. “Hijo, no tienen vino” (Jn.2,3) ¿Por qué la Virgen acudió a su Hijo?, ¿Qué esperaba que él hiciera?, ¿Por qué confió tanto en él? No lo sabemos, pero el hecho es que su intercesión provocó el primer milagro de Jesucristo “y sus discípulos creyeron en él”. En este pasaje se revela que el poder es de él, la intercesión de Ella. 

Con la confianza de ser escuchada por su Hijo, dice a los criados: “Haced lo que él os diga”, así pués, cuando acudamos a la Virgen Santísima en alguna necesidad, estemos dispuestos a cumplir en todo la voluntad de Dios. 

María Al pie de la Cruz. 


Durante la vida pública del Señor, la Virgen María permanece prudentemente en la sombra, confundida entre la muchedumbre, relativamente cerca de su Hijo, meditando sus palabras en su corazón, como la primera discípula de Cristo. 
Desde la presentación en el Templo, cuando Jesús tenía 40 días de nacido, María había recibido del anciano Simeón una premonición angustiante: “Mira, este niño está destinado a ser la caída y el resurgimiento de muchos en Israel como signo de contradicción. Y a ti misma una espada te atravesará el alma” (Lc.2,34-35) 
Más tarde, el relato del testigo presencial de lo que sucedió en el Calvario, San Juan, es sumamente conmovedor. María, la que pasaba desapercibida en los triunfos de Jesús, aparece en un primer plano en el momento del dolor. “Junto a la Cruz de Jesús, estaban su Madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena” (Jn.19,25).

Es la Virgen Dolorosa con siete puñales clavados en su Corazón Inmaculado. 
Y a continuación San Juan nos relata lo que pasó: “Jesús viendo a su Madre y junto a Ella al discípulo que amaba, dice a su Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo; luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”. (Jn. 1 9,26-27) 

Escena llena de misterio; ciertamente Jesús se preocupa por el futuro de su Madre. Habiendo ya muerto San José (no aparece ni una sola vez en la vida pública de Jesucristo) y no teniendo el Señor hermanos carnales, quedaba María desamparada. 

San Juan es el único de los apóstoles presente en la muerte de Cristo, es el Apóstol virginal que recibe en herencia nada menos que a la Madre de Dios; Jesús en San Juan nos la hereda por Madre a la Madre del Salvador, a la Siempre Virgen María
¡Todo esto lo rechazan los protestantes! son huérfanos y no cuentan con el consuelo maternal que la Santísima Virgen ha prodigado a la Iglesia, durante 20 siglos. 

Maria en la tradición de la Iglesia 


La verdad de la Palabra de Dios, sólo la encontrarnos en la Tradición de la Iglesia, depositaria del testimonio de los Apóstoles. 
No olvidemos que la Tradición, o sea, la transmisión de la Fe de generación en generación, es anterior al Nuevo Testamento. Por Tradición la Iglesia aceptó los libros inspirados del Antiguo Testamento, y por Tradición los Evangelistas escribieron sus Evangelios y por Tradición, ya que él no estuvo presente, San Pablo recibió y nos trasmite a su vez lo que sucedió en la Última Cena. 

Ciertamente, tanto en la Biblia, como en la Tradición, el personaje central es Jesucristo, pero ya desde los primeros siglos de la Iglesia, aparece la Virgen María indisolublemente ligada al Misterio Pascual, centro del culto católico. 
Ya a mediados del Siglo II existe una homilía de San Melitón de Sardes, en la que se lee este bellísimo texto: 

“El es quién se hizo carne de una Virgen quién fué colgado de un madero, quién fué sepultado en la tierra, quién resucitó de entre los muertos, quién fué elevado a las alturas de los cielos, El es el cordero sin voz, El es el cordero degollado, Es el nacido de María, la hermosa Cordera”. 

La Iglesia fué poco a poco conformando lo que llamamos el Año Litúrgico, que es el ciclo de tiempos y celebraciones con los cuales la Iglesia celebra y enseña todo lo relacionado con la Obra Salvadora del Señor Jesús. 

El Año Litúrgico

El Año Litúrgico comienza en Adviento, el último domingo de noviembre, es tiempo de preparación y penitencia para Navidad, por eso el Sacerdote lleva ornamentos morados; sigue la Navidad, de grande alegría y festividad por el Nacimiento del Niño Jesús. 

Continúa algún tiempo llamado “ordinario” para llegar al Miércoles de Ceniza que marca el inicio de la Cuaresma, otra vez tiempo de penitencia y preparación para la Semana Santa, en la que conmemoramos la Institución de la Sagrada Eucaristía, la Pasión, Muerte y Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. 
Siguen varios domingos de Pascua, esperando el Jueves de la Ascensión, y Pentecostés que festeja el nacimiento de la Iglesia. Continúa el llamado “tiempo ordinario” hasta completar 34 semanas, que culmina con la celebración de la Fiesta Cristo Rey del Universo, generalmente el tercer domingo del mes de noviembre. 

Naturalmente, dentro de la Liturgia y tradición de la Iglesia, aparece paulatinamente, la memoria de la Santísima Virgen en festividades que conmemoran los principales acontecimientos y verdades que sobre Ella se han aceptado siempre, algunas de las cuales ha sido necesario declarar dogmas de fe, a saber: 

Que es la Madre de Dios. 
(1º de enero) Dogma declarado por el Concilio de
Efeso en el año 431 e incorporado a las oraciones oficiales de la Iglesia.

La inmaculada Concepción. 
(8 de diciembre) Es el Dogma declarado por el Papa Pío IX en 1854, acerca de que la Santísima Virgen María fué concebida sin pecado original. 

La Asunción de la Virgen María a los Cielos. 
(15 de agosto) Dogma declarado por el Papa Pío XII en 1950, acerca de que la Santísima Virgen fué llevada al Cielo en cuerpo y alma. 

Tanto en Oriente como en Occidente, se fueron celebrando fiestas marianas. Antiguos sacramentarios romanos nos hablan de cuatro grandes fiestas marianas: La Anunciación, la Navidad, la Presentación y la Asunción. 

Además de estas solemnes festividades, hay otras muchas a lo largo del Año Litúrgico, en las que celebramos, no solamente aquellos hechos que surgen de la palabra de Dios, sino también los emanados de otras fuentes como son las principales apariciones de la Santísima Virgen María, reconocidas por la Iglesia, a saber: Tepeyac (1531), Lourdes (1858), Fátima (1917) y otras devociones populares. 

La cuestión protestante 


Toda la cuestión protestante se basa en lo que ellos llaman la libre interpretación de la Biblia. Según ellos, toman su Biblia, invocan al Espíritu Santo, y descubren sin más, las verdades reveladas. 

Si esto fuera así de fácil, ¿cómo pueden explicar la infinita variedad de interpretaciones por demás contradictorias que dan lugar a la no menos infinita variedad de iglesias, sectas, creencias, etc. que configuran actualmente el universo protestante?, ¿Dónde quedó el Espíritu Santo? 

La Libre interpretación de la Biblia, ha dado lugar a algo tan sorprendente y absurdo corno lo que sigue, tomado del noticiario protestante Milamex del 31 de julio de 1997. 

“La mujer de las 12 estrellas” 


“Una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de 12 estrellas” (Apoc.12,1) puede referirse a la Unión Europea, debido a que su bandera ostenta una corona de 12 estrellas, declaró recientemente el Rev. lan Paisley, lider evangélico irlandés, durante una convención en Tuebingen, Alemania. 

Esta extraña interpretación, se ha visto modificada en el año de 1997, en el que ya no son 12, sino 16 las estrellas de los paises que forman la Unión Europea, y pueden aumentar con nuevos ingresos. 

Objeciones protestantes 


Entre las innumerables objeciones protestantes a la Iglesia Católica, debemos considerar las relacionadas con el culto que profesamos a la Santísima Virgen María y a los Santos, a quienes dicen que adoramos porque nos hincamos ante sus imágenes. 

Creemos haber dejado en claro las razones que tenemos los católicos para la veneración que damos a nuestra Madre María Santísima, pero no podemos negar que hay algunas devociones imprudentes y expresiones equivocadas que se prestan a malas interpretaciones; pero poco ha reflexionado quien no distinga la diferencia que hay entre adorar y venerar. 

Adorar en el estricto sentido de la palabra, es reconocer a Dios, como Creador del Universo. En cambio venerar es simplemente una muestra de respeto. Así pues, arrodillarse ante una imagen no es de ninguna manera un acto de adoración, porque a nadie se le ocurre que el santo representado, sea el Creador del Universo. 
Las oraciones diarias del cristiano, el Padre Nuestro y el Ave María, nos explican bien la diferencia que hay entre estas dos acciones.

En el Padre Nuestro, la oración que Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó, nos dirigimos a Dios como Creador y Padre, dispensador de todos los bienes, a quien pedimos perdón y protección del maligno. Es una oración sublime de ADORACION.

En cambio, en el Ave María, se reza a la Santísima Virgen de muy diferente manera; en ella no hacemos más que repetir las palabras que el Arcángel San Gabriel le dijo en la Anunciación y las de Santa Isabel en la visita que le hace la Santísima Virgen y le pedimos RUEGUE POR NOSOTROS, 

El poder de intercesión de la Virgen María, no solamente es un hecho irrefutable en la historia, sino que ha dado pie a considerarla Corredentora y Medianera de todas las Gracias. 

Estos títulos hay que comprenderlos evidentemente no en plan de igualdad y competencia, sino tan solo en el de cooperación y simultaneidad con Cristo. 

El poder de intercesión puede ser extensivo a los Santos, a los “Amigos de Dios”. Las imágenes que hay en las iglesias y en nuestros hogares no son más que “retratos” de quienes han “Amado a Dios sobre todas las cosas en grado heróico” y que la Iglesia nos propone como modelos de conducta, e intercesores ante Dios Todopoderoso. 

Es natural y lo vemos cotidianamente, que cuando queremos un favor especial de alguna autoridad, se recurra a personas que puedan influir a nuestro favor, lo vemos por ejemplo en Jn.1 2, 20-22 “Entre los que subían para adorar en la fiesta, había algunos griegos, estos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida en Galilea, y le hicieron este ruego: -Señor, deseamos ver a Jesús- Felipe fué y se lo dijo a Andrés y los dos fueron a decirlo a Jesús”. 

La Virgen, Imagen Ideal de la Iglesia. 


En la Virgen, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una Purísima imagen de lo que ella misma toda entera ansía y espera ser. 
Const. Sagrada Liturgia, n.9 103. 


¿Qué dice la Biblia de María?
María no es una diosa sino hija predilecta del Padre, madre de Dios Hijo, sagrario del Espíritu Santo. Nuestra devoción se dirige a imitar sus virtudes, nuestro culto a proclamar las maravillas que en ella ha hecho el Todopoderoso.


“Una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” Apocalipsis 12,1 ss.

¿QUE DICE LA BIBLIA DE MARIA?

1. María esclava del Señor. 

Dijo María: “He aquí la esclava del Señor.” Lee: Lucas 1,38. María no es una diosa sino hija de Adán. “Ella se consagró totalmente como esclava del Señor, sirviendo a la persona y a la obra de su Hijo”. Estudia. Lumen Gentium n. 56. 

2. María es la primera cristiana.

Como modelo de todo verdadero creyente ya que ella nos precedió a todos en el camino de la fe y cooperó activamente en el plan de redención con su “sí” a Dios: “Hágase en mí según tu palabra.” Lee: Lucas 1,38.

3. María modelo de fe y obediencia.

“La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe… Durante toda su vida, y hasta su última prueba, cuando su hijo murió en la cruz, su fe no vaciló”. Lee: CIC n. 148 ss. Si por la desobediencia e incredulidad de una mujer, Eva, todos sufrimos la consecuencia del pecado y de la muerte; también por la fe y obediencia de una mujer, María, todos nos beneficiamos. Lee: Génesis 3,15.

4. María es hija de Dios Padre.

Todos somos hijos de Dios, pero ella es la elegida de Dios “entre todas las mujeres” desde el primer instante de su concepción. Por ello el ángel la llama: “llena de gracia”, es decir, desde el principio. De no ser así, el ángel le hubiera dicho: “serás llena de gracia” es decir, antes no, pero ahora sí. Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 490 ss.).

5. María es Madre de Dios Hijo.

Jesucristo en cuanto a su divinidad tiene un solo Padre, el que lo engendró en los cielos. Lee: Hebreos 1,5. Jesucristo en cuanto a su humanidad tiene una sola Madre, la que lo engendró en la tierra, Lee: Lucas 1,31. María no es una diosa porque no engendró a Cristo en cuanto a su divinidad, pero sí es Madre de Dios porque engendró a Cristo en cuanto a su humanidad. Y como en Cristo hay una sola persona, la persona divina del Verbo, María es Madre de Dios.

6. María es sagrario del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Lee: Lucas 1,35. Moisés se descalzó ante la zarza ardiente. ¿Acaso esto es idolatría? No, porque en la zarza se manifiesta Yahvé. Lo mismo María, ella es la zarza ardiente de la teofanía definitiva: llena del Espíritu Santo, nos presenta al Verbo. CIC 724. Y por eso nos arrodillamos ante ese sagrario que tiene a Jesús en brazos. Lee: Mateo 2,11.

7. Virgen y Madre.

María concibe y da a luz al Hijo de Dios con y por medio del Espíritu Santo. Su virginidad se convierte en fecundidad única por medio del poder del Espíritu. Lee: Mateo 1,23; CIC 723.

¿QUE LUGAR DAMOS A MARIA?

1. El que Dios Padre le da. Dios manda alabar a María.

El ángel Gabriel enviado por Dios saludó a María con estas palabras: “Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo”. Lee: Lucas 1,28. Si así alaban a María los siervos de Dios en el cielo, los siervos de Dios en la tierra ¿no debemos hacer lo mismo?

2. El que le da el Hijo.

Jesucristo honraba su Madre. Hagámonos estas preguntas: ¿Era María la madre de Jesús? Sí, sí lo era. Así la llaman los evangelistas. Lee: Juan 2,1. ¿Jesucristo cumplió los diez mandamientos? Por supuesto que sí. ¿Jesucristo cumplió el 4º mandamiento: “Honrarás a tu padre y a tu madre”? Yo pienso que sí.

Por tanto Jesucristo honraba a María su madre, más aún “les obedecía y les estaba sujeto”. Lee: Lucas 2,51 ¿No debemos hacer los cristianos otro tanto? ¿Cómo podemos ser en verdad hermanos en Cristo si no tenemos una madre en Cristo?

Si Jesucristo es modelo de todas las virtudes, ¿Cómo es posible que algunos cristianos prediquen a un Cristo que ni siquiera reconoce a su madre, un Cristo que trata a su madre “como una mujer cualquiera”? ¿Ese es el Cristo que predicas a tus hijos?

3. El que le da el Espíritu.

El Espíritu inspira alabanzas a María. La Biblia dice que “Isabel fue llena del Espíritu Santo y exclamó con gran voz: ´Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre´” Lee: Lucas 1,42. Hoy hay muchas personas que dicen poseer el Espíritu pero ¿qué espíritu será ese? Lee: 1 Juan 4,1 ¿Será el Espíritu Santo o será otro espíritu? No lo sabemos. Lo que sí sabemos, de lo que sí estamos seguros, es que los que se llenan del Espíritu alaban a María con estas palabras: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. Por eso todo verdadero carismático será siempre mariano. Estudia CIC 722 ss.

4. El que le da la Biblia.

La Biblia le da a María un puesto importante al lado de Jesús. Los Evangelios nos la presentan como activa colaboradora en la misión de su Hijo. En Belén da a luz a Jesús, lo presenta a los pastores, a los magos y en el Templo; convive con El treinta años en Nazareth; intercede en Caná; sufre al pie de la cruz; ora en el cenáculo. Por tanto, hacer a un lado a María, separarla de Cristo, no es lo que la Biblia enseña. Si los Reyes Magos adoraron a Jesús en brazos de María, ¿será idolatría imitar su ejemplo?

5. El que le da la Iglesia.

La Iglesia nos presenta a María como Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. “Pero todo esto ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (S. Ambrosio). La luna brilla porque refleja la luz del sol. La luz de la luna no quita ni añade nada a la luz del sol, sino manifiesta su resplandor. Lo mismo, la mediación de María, depende de la de Cristo único mediador. Lee: 1 Timoteo 2,5 y estudia CIC 970.

¿QUE ENSEÑA LA IGLESIA DEL CULTO A MARIA?

El culto a María está basado en las palabras proféticas: “Todas las generaciones me llamarán Bienaventurada, porque ha hecho en mi maravillas el Poderoso”. Lucas 1, 48-49. La primera parte es un mandato: “me llamarán”, la segunda parte explica la razón: no porque es una diosa, como pretenden los evangélicos, sino por las maravillas que el Poderoso hizo en ella. Así como María presentó a los pastores al Salvador, a los Magos al Rey, al sacerdote a la Víctima, para que lo adoraran, le presentaran dones y se alegraran con el gozo de su venida; así el culto a la Madre, hace que el Hijo sea mejor conocido, amado, glorificado y que a la vez sean mejor cumplidos sus mandamientos. Estudia Lumen gentium, n. 66 y 67.

El Papa Pablo VI recomendaba que, en las expresiones de culto a María, se hiciera resaltar todo lo que se refiere a Cristo, Estudia: Marialis cultus n. 25; y nuestra devoción la debemos mostrar especialmente en la imitación de sus virtudes: el amor a su Hijo, su fe firme, su fidelidad hasta el pie de la cruz, su obediencia al Espíritu Santo quien obró en ella maravillas. Lee: Marialis cultus n. 26 y estudia CIC n. 963 ss.

¿ES MARIA NUESTRA MADRE?

Cristo es la Cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo. Lee: Efesios 1,22. Pero una madre no engendra sólo la cabeza sino también el cuerpo de su hijo. Por tanto si los cristianos somos miembros del cuerpo de Cristo que es la Iglesia, entonces María es también Madre nuestra. Por ello Jesús dijo a su discípulo amado, que representaba a todos los cristianos: “Ahí tienes a tu madre”. Lee: Juan 19,27 y CIC 967.

¿CREES TU EN LAS PROFECIAS?

La Biblia enseña que María dijo estas palabras proféticas: “Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. Lee: Lucas 1,48. En estas palabras hay que distinguir tres cosas. Primero. Es un mandato; “me llamarán”. ¿Obedeces tú este mandato? Segundo. No se excluye a ninguno; “todas las generaciones”, es decir todos los hombres de todos los tiempos. “Generación” significa la descendencia o miembros de una familia. Lee: Mateo 1,1. ¿Perteneces tú a esta “generación”? Tercero. Es una profecía; María anuncia cual será el distintivo de esa nueva generación, de esa nueva familia de Cristo, los cristianos: que de ahí en adelante todos la llamarán Bienaventurada. ¿Perteneces tú a esta familia?

¿HAS LEIDO EL APOCALIPSIS?

Algunos ignoran, lo que dice el capítulo 12 del Apocalipsis. “Una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. ¿Quién es esa mujer y por qué está en el cielo? Si no es Madre del Hijo de Dios, ¿cómo es que da a luz al varón que se sienta junto al trono de Dios? Si no es Reina, ¿cómo es que está coronada? Si está muerta, ¿cómo es que aparece viva? Si no fue asunta a los cielos, ¿cómo es que aparece en el cielo? Si no es la llena de gracia, ¿cómo es que está vestida por el Sol de Justicia? Si no es la virgen que da a luz, lee: Isaías 7, 11-14, ¿por qué Juan la llama “señal”? Si no es la Nueva Eva, lee: Génesis 3,15, ¿cómo es que está en pugna contra el dragón? Si la Biblia dice todo esto de María ¿cómo puede haber cristianos que afirman saber mucha Biblia y no saben esto?

CONCLUSION

María no es una diosa sino hija predilecta del Padre, madre de Dios Hijo, sagrario del Espíritu Santo. Nuestra devoción se dirige a imitar sus virtudes, nuestro culto a proclamar las maravillas que en ella ha hecho el Todopoderoso.

ORACION

“Señor Jesús, yo creo que tú eres mi único Salvador y por tanto acepto todos los medios que me das para mi salvación. Tú me dices: “Ahí tienes a tu Madre” y yo lo creo, el Espíritu Santo me manda llamarla “bienaventurada” y yo obedezco, tú la amas y yo también. Amén.

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FUENTE:
http://es.catholic.net/sectasapologeticayconversos/574/1440/articulo.php?id=23925
http://es.catholic.net/hispanoscatolicosenestadosunidos/588/2542/articulo.php?id=24568